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:La Unión Cultural Libanesa Mundial (ULCM) dirige una carta al Secretario General de las Naciones Unidas sobre las repercusiones de la guerra en el Líbano
«No toquen al Líbano» y apoyo a la posición del Presidente de la República y del Gobierno a favor de negociaciones directas.
El 31 de marzo de 2026, una delegación de la Unión Cultural Libanesa Mundial (ULCM), en su calidad de miembro de la comunidad mundial de organizaciones no gubernamentales y del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), celebró una reunión virtual con responsables de las Naciones Unidas en Nueva York para examinar la situación en el Líbano. Las discusiones se centraron en la guerra que enfrenta, por un lado, a Israel y, por otro, a Hezbolá —respaldado por Irán—, así como en las consecuencias en materia de seguridad y humanitarias de este conflicto.
La delegación estuvo presidida por el Presidente Mundial de la Unión, Ferris Wehbe, e incluyó al Secretario General de la Unión, Bassem Medawar; al ex Presidente Mundial Anise Garabet, presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales; al ex Presidente Mundial Elias Kassab, asesor del Presidente para Asuntos de Comunicación; a la Dra. May Rihani, jefa de la oficina de la ULCM en Washington; a Elie Gideon, jefe de la delegación de la ULCM ante las Naciones Unidas; a Joseph El Hajj, presidente del Comité de Incidencia en los Estados Unidos; así como a Nasser El Hajj, representante de la sección de la ULCM y de las organizaciones aliadas en Michigan.
Durante esta reunión, la delegación entregó una carta dirigida al Secretario General de las Naciones Unidas, cuyo texto se presenta a continuación.
Los Ángeles, 29 de marzo de 2026
Su Excelencia el Sr. António Guterres
Secretario General de las Naciones Unidas
Su Excelencia:
Nos dirigimos a usted hoy en nombre de la diáspora libanesa en todo el mundo, en un momento en que el Líbano atraviesa una de las guerras más devastadoras de su historia moderna. Nuestro pueblo está siendo asesinado, desplazado y arrancado de sus hogares, mientras pueblos y ciudades enteras son destruidos.
El conflicto actual fue provocado por las acciones militares de Hezbolá, llevadas a cabo bajo el mando y la dirección estratégica del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Estas acciones han traído la maquinaria bélica israelí sobre el Líbano, dando lugar a un ciclo trágico y devastador de violencia en el que todo ha sido violado: la santidad de la vida humana, la integridad de nuestra tierra, la autoridad de las resoluciones y convenciones internacionales, y los valores fundamentales de la humanidad. La situación actual es de caos y escalada, mientras las fuerzas internacionales desplegadas en el Líbano observan con alarma el creciente número de ataques, víctimas y destrucción, como si el mundo estuviera presenciando una tragedia sin una intervención decisiva.
Hoy, el Líbano paga el precio de dos dinámicas peligrosas: por un lado, la escalada militar israelí y el uso de una fuerza desproporcionada, y por otro, el extremismo ideológico encarnado en la doctrina iraní del Wilayat al-Faqih, un modelo de gobernanza expansionista de base teológica que se ha impuesto en la región en el siglo XXI.
Su Excelencia:
Expresamos nuestro sincero agradecimiento por su reciente visita a Beirut y por la claridad y el valor de las declaraciones que usted pronunció desde la capital libanesa, pese al sonido de los aviones de combate, los drones y la confrontación militar en curso. Su afirmación de que «el Líbano, lamentablemente, ha sido arrastrado a una guerra que su pueblo no desea combatir» refleja una verdad esencial reconocida por el pueblo libanés y por la comunidad internacional.
En sus declaraciones, usted también estableció una distinción necesaria entre Hezbolá —cuyo aparato militar y de seguridad el propio gobierno libanés considera que opera fuera del marco del Estado— y el Estado libanés, que busca recuperar su autoridad soberana sobre las decisiones de guerra y paz de esta organización armada que actúa como una extensión de la Guardia Revolucionaria iraní en el Líbano.
Valoramos igualmente su llamado a un cese inmediato de las hostilidades por parte tanto de Hezbolá como de Israel, así como su visión de una solución política que permita al Líbano existir como un Estado plenamente soberano e independiente, cuya integridad territorial sea respetada por todos y en el que únicamente las autoridades legítimas posean el derecho exclusivo al uso de la fuerza. Como usted subrayó acertadamente: «esta ya no es la era de las facciones armadas; debe ser la era del Estado fuerte».
Su Excelencia:
Durante más de dos décadas —desde el año 2000— el Líbano ha vivido efectivamente bajo una forma de tutela iraní encubierta. Esta influencia no solo se ha extendido sobre partes de nuestro territorio, sino que también ha penetrado las instituciones políticas, militares y de seguridad del Estado libanés. Han surgido estructuras de poder paralelas que han socavado la soberanía nacional, infiltrado las instituciones civiles y de seguridad, y establecido alianzas con la corrupción arraigada del llamado «Estado profundo».
Este sistema ha generado no solo una inestabilidad crónica en materia de seguridad y repetidas violaciones de la soberanía libanesa, sino también una grave desestabilización económica y financiera. Se ha establecido una estructura económica paralela, fuera de la autoridad del Estado, que elude las fronteras, los sistemas fiscales y la supervisión financiera pública. Desde 2007, los gobiernos sucesivos se han visto obligados a ceder el control del Ministerio de Finanzas a este eje político-militar y a sus aliados, lo que ha permitido el saqueo sistemático de los recursos públicos y privados.
No es, por lo tanto, una coincidencia que el otrora respetado sistema bancario del Líbano —considerado durante mucho tiempo uno de los más importantes de Oriente Medio— haya colapsado bajo el peso de la corrupción, las actividades financieras ilícitas y las redes de lavado de dinero vinculadas a la producción y el tráfico de narcóticos, así como al blanqueo de fondos iraníes transferidos en violación de las sanciones internacionales.
Tras la guerra actual, el Líbano también enfrenta la posibilidad de una renovada presencia militar israelí en partes del sur del país, donde la destrucción ya es masiva y el desplazamiento ha superado el millón de personas. Esta catástrofe humanitaria se suma a la carga existente del desplazamiento sirio y de los campamentos de refugiados palestinos, creando un desafío que el Líbano simplemente no puede soportar por sí solo.
Después de la guerra de 2006, los países del Golfo Árabe se movilizaron rápidamente para ayudar al Líbano a reconstruir lo que había sido destruido. Su apoyo se extendió no solo a los esfuerzos de reconstrucción, sino también a la provisión de asistencia médica y humanitaria vital, tanto en los suburbios del sur de Beirut como en todo el sur del país. De igual modo, varios Estados árabes se apresuraron a brindar una ayuda sustancial durante la guerra que Hezbolá inició en octubre de 2023 bajo el pretexto de apoyar a Gaza.
Hoy, sin embargo, parece prevalecer una realidad marcadamente diferente. Ese mismo nivel de asistencia está notablemente ausente. Parece que estos países han optado por no intervenir esta vez, en particular después de haber sido ellos mismos objeto de ataques, de haber visto sus territorios golpeados y su soberanía violada. Esta reticencia no resulta sorprendente, dado que Hezbolá es ampliamente percibido como un aliado de Irán en conflictos que han causado un inmenso sufrimiento a los pueblos sirio y yemení, a la vez que mantiene alianzas con facciones iraquíes que han lanzado ataques contra Estados del Golfo.
Señor Secretario General:
El llamamiento urgente que usted lanzó desde Beirut —junto con el Primer Ministro del Líbano— para recaudar 325 millones de dólares en ayuda para el país parece, lamentablemente, haber recibido una respuesta internacional muy inferior a la esperada. Igualmente evidente es la ausencia de una respuesta árabe, especialmente después de los ataques que afectaron a varios países del Golfo. Esta realidad se ve agravada por el hecho de que Hezbolá es ampliamente considerado un brazo de Irán y ha sido designado oficialmente como organización terrorista por numerosos Estados. Además, sus actividades no se han limitado al territorio libanés, sino que se han extendido a múltiples países del mundo árabe y más allá.
Para su referencia, adjuntamos una lista exhaustiva que documenta las violaciones y transgresiones atribuidas a Hezbolá tanto a nivel interno como internacional, así como las profundas consecuencias que el Líbano ha sufrido durante las últimas décadas y que continúa enfrentando hasta el día de hoy.
Su Excelencia:
Tememos que esta guerra pueda terminar finalmente a través de negociaciones geopolíticas en las que las grandes potencias prioricen sus intereses estratégicos a expensas del Líbano y de su pueblo. La historia ofrece un precedente inquietante: el Líbano fue en su día colocado bajo tutela siria, obligando al pueblo libanés a soportar el peso de acuerdos de seguridad regional impuestos sobre su tierra. Tras la retirada siria en 2005, el Líbano cayó efectivamente bajo tutela iraní, lo que condujo a asesinatos políticos, a la erosión de la soberanía del Estado y a la profunda crisis cuyas consecuencias son hoy trágicamente evidentes.
Igualmente preocupante es la perspectiva de poner fin al mandato de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). Tal decisión corre el riesgo de transmitir al pueblo libanés la sensación de haber sido abandonado a su suerte. El Líbano —pequeño en territorio pero grande por su gente, su cultura y su mensaje histórico de coexistencia— no debe quedar como campo de batalla de conflictos internacionales.
Desde 1967, el Líbano ha pagado un precio enorme por guerras libradas en su suelo. El pueblo libanés ha soportado décadas de conflictos impuestos por rivalidades regionales e internacionales. Ha llegado el momento de que la comunidad internacional ayude a restablecer la soberanía y la estabilidad del Líbano.
En este espíritu, solicitamos respetuosamente a las Naciones Unidas que consideren las siguientes medidas:
Primero:
El inicio de negociaciones de paz directas entre el Líbano e Israel, bajo los auspicios de las Naciones Unidas. En este sentido, apoyamos la iniciativa presentada por el Presidente de la República y el Primer Ministro del Líbano y esperamos que las Naciones Unidas desempeñen un papel central en la facilitación de dichas negociaciones.
Segundo:
A la luz de la decisión de poner fin al mandato de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas, cuyos esfuerzos durante muchos años reconocemos con gratitud y que ha servido como testigo de las injusticias infligidas al Líbano y a su pueblo, solicitamos una ampliación del alcance y la autoridad de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Dicha ampliación debería permitir el despliegue de una fuerza internacional que opere bajo un mandato claro del Consejo de Seguridad y cubra la totalidad del territorio libanés. El objetivo de esta fuerza sería ayudar al Estado libanés a restaurar su plena autoridad soberana mediante la facilitación del desarme de todas las organizaciones armadas, la garantía de la seguridad y la estabilidad, y el apoyo a la delimitación y demarcación de las fronteras terrestres y marítimas del Líbano con Siria e Israel.
Cabe destacar que tanto Francia como Alemania ya han expresado su disposición a contribuir a una fuerza internacional de este tipo.
Tercero:
La declaración de la neutralidad del Líbano, que concebimos como una neutralidad positiva que proteja la paz interna, promueva el desarrollo sostenible y garantice la prosperidad y el progreso del pueblo libanés. Tal neutralidad también respaldaría relaciones pacíficas con todas las naciones, preservando al mismo tiempo las alianzas culturales, humanitarias y de desarrollo del Líbano dentro del mundo árabe y de la comunidad internacional en general, libres de alineamientos militares y guerras regionales.
Su Excelencia:
El Líbano no debe quedar solo a la hora de enfrentar las consecuencias de conflictos que le han sido impuestos. El pueblo libanés merece un futuro definido no por la guerra y la dominación externa, sino por la soberanía, la estabilidad y la paz.
Le rogamos acepte, Su Excelencia, las seguridades de nuestra más alta consideración.
Ferris Wehbe
Presidente
Unión Cultural Libanesa Mundial (ULCM)
World Lebanese Cultural Union




